martes, 17 de diciembre de 2013

Esperanza viste de esperanto.

Los suspiros, los llantos,
los gritos ahogados,
alaridos, muecas, risas y arañazos.

Desvelos de madrugada,
batallas a paso marcado,
caídas plausibles y esbozos arrugados.

Omisiones admisibles, sueños pausados.
Años febriles y relojes ajados.
La moneda, de canto.

Y siempre letras sin sentido,
y sentidos sin ser contados.

Siempre, vestimenta sin latidos,
pensamientos exiliados.

El silencio por valido,
bramidos, estallidos,
cosidos a balazos.

Camina, el descreído,
desguarnecido, pero sin flechazos.

Esperanza viste de esperanto,
dice que no quiere descosidos, 
que no coexiste con desencantos.

Que hagamos de los ojos lenguaje universal,
y por toda norma gramática,
propongo la ley circunstancial.

Tienes tres gotas de tinta,
y seis mil palabras a matizar,
resume, cita, concisa:

que todo lo que hagas, sea de verdad.     




                                                                                                A.C.J.




lunes, 2 de diciembre de 2013

A.C.J.


      Puede que llegara a ser tanto lo que eché de menos, que tuve que escribirlo. Puede ser que no pudiera más y que en mis días comenzara a no rozar el suelo sólo con los pies. Puede que ya no encontrara calor en la ausencia presencial, porque había sublimado a presencia transitoria. Que fue presencia, en su único punto de tangencia, y luego, continuó.



     Puede, que tienda a infinito, solo por la izquierda. Y eso, en el tiempo, no deja de ser pasado, que avanza hacia el pasado, y se perpetúa en sí mismo. Egocéntrico.



     Una vorágine de ángulos atrapados en círculos concéntricos, que no saben de funciones necesarias para la vida. Que sólo saben hablar en condicional.




  Que no saben, que una persona cuando es querida,
 es querida hasta el final.










A.C.J.

domingo, 24 de noviembre de 2013

"te veré cuando acabe el jardín".

Y estoy segura, será el jardín más bonito de todos. Y las corrientes de viento se batirán en duelo por mecer sus flores. Y más de un pusilánime por acariciarlas. Y no habrá cuadro mejor pintado.

 Yo, sólo podría haber ofrecido un puñado de lágrimas no correspondidas para regarlas. Yo podría haber estado entre ellas,  pero el jardín hubiera perdido mucho, ¿no crees? Y es que no entiendo esa manía tuya de fijarte en el cactus en mitad del campo de flores.

Si lo dejo pasar, te será más fácil pensar que no lo supe ver, que no supe apreciar. Y es que, aunque no lo creas, sé lo que vale. Sé lo que es un corazón. Lo que es taladrarlo. Y eso que nos lleva a arropar sentimientos cortantes cada día, en lugar de arrojarlos a la calle y abandonarlos a su suerte, condenándolos de una vez a merecida, o no, muerte.

A mí nunca me dijeron adiós, ni tampoco un hasta siempre, que es a nosotros, lo que al verano septiembre.
Ni tuvieron la delicadeza de avisarme, de que nunca importé. Aún me duele. Nunca me dijeron lo que no pudo ser. Lo siento si he pasado rasgando, yo tampoco hablo de la piel.

Espero volver a verte, con tu jardín acabado, que recuerdes y te rías.
 Y valores el pasado.

                                                             
                                                                               A.C.J.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Jaque emocional

Dejó sobre la mesa un contrato,
formalismos amenizados:

"Te conozco, para un rato".

Empieza la partida, primer asalto,
y vas en desventaja,
soy aquel del que nunca te han hablado.

Me presento, desconfiado,
tampoco pienses que estoy interesado,
no he venido aquí solo,
a mí me han empujado.

Siguiente.

Este es mi rincón secreto,
en esto pienso, a veces siento,
aquí soñamos, aquí vivimos,
aquí nacemos, nunca morimos.

Y un escritorio de papeles desvencijados.

Piedras a tu ventana, mella en el cristal,
crispan las vigilias, crujido general.
Ven. Juro que por hoy, no es ilegal.


Lleno tu almohada de sal,
 prometo así las olas,
te invito a beber del vendaval,
las estrellas esta noche están muy solas.

Fijo mi objetivo, sonríe a la mirilla.
Cargo proyectiles, mato a sangre fría.

Vuelo bajo, no soy de mal agüero,
tan solo vengo, a cobrarme el mundo entero.

Descuida, confía,
soy de más principios que un enero,
 niña, no sé qué esperas,
no hay flores en febrero.

Cuidado, enfilo  dama,
la reina, peligra, desencajo a golpe de filigrana.

Noche de verano,
perfecta, nos cosemos a balazos,
terapia de choque,
nunca aprendí a dar abrazos.

Concierto de voces de vasos.

Te llevo a la estación,
aviso, no hay parada,
tírate al andén, tranquila, no te pasará nada.

Implacable.

Todo o nada.
No te quiero tanto, todo cuanto quise,
no me lo has dado.
Lo que no te ofrecí,
ya te lo he quitado.

Escondo la piedra,
tiro la mano,
recojo las migas,
las hago pedazos.

Pensabas que era desinteresado,
no sé aún si es que te has caído o te han tirado,
que si te quise bien,
fue porque estaba sembrando.

Tengo derecho a volver,
tú, no tienes esa potestad,
yo a ti quise hacerte bien,
tú solo me has hecho mal.

Te ofrecí mi mano,
te invité a viajar,
ya no te conozco,
ni siquiera tienes en mí lugar.

Se fue, con portazo.
Y tampoco así dejó de importar.

Dejó un contrato,
formalismos a determinar.

Así quedé un poco más huérfana,
un poco más sagaz.

Así, se gana un partida,
sin llegarla a terminar,
así, es como se hace,
 un jaque emocional.
                                                                           
                                                A.C.J.








viernes, 20 de septiembre de 2013

Pleamar para las palabras



Son horas bajas de la madrugada, el día es joven, la noche es larga. Pleamar para las palabras. Hora punta para las calles abarrotadas de nadie. De todas formas, cuando se llenan de gente tampoco abundan las personas.

Es el momento de escribir mensajes y no enviarlos, el momento en el que alguien decide tirar la piedra, y no esconde la mano- pasará a los libros de historia-, de las cartas sin destino pero con destinatario, la hora exacta del temblor del pulso y del desasosiego de los labios- maldito voto de silencio-, es cuando los ojos tienen jornada de (com)puertas abiertas, cuando las omisiones empiezan a pesar, y cuando las ausencias hacen acto de presencia. Es el momento ideal, para botar un barco, y llamarlo inconsciencia.

Cuando la luna contempla, más sola que ninguna, los desatinos de los pobres ilusos de aquí abajo. Tristes hombres, dan toda su vida palos de ciego y cuando no pueden más, miran al cielo.

Se ríe. "Más sola que la luna", dicen, pero no saben que la perspectiva vale cualquier pena. Ostenta, además, el título de testigo silenciosa. Es odiosa: cada noche, sabe exactamente quién ríe, quién llora, quién sufre y quién siente, quién añora. Y también a quién no le importa en absoluto.

Y todo eso, se lo guarda, para ver cómo nos descuartizamos, nos minamos unos a otros, desde dentro hacia afuera, hasta que finalmente el alma se muda: fue demasiado una vida entera.

Son horas bajas de la madrugada, pleamar para las palabras, y no hay nadie que escuche ahí fuera.
No hay nadie, que comprenda una espera.





                                                                                                                                   A.C.J.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

La brisa, marina. Y las palabras, con nitroglicerina.

A veces, o escribes sobre papel, o déjalo. Si no vas a querer de verdad, ni lo intentes. La risa, a carcajadas. Los tontos, a patadas. Así que intenta no ser como todos.
Los retos, se rompen y las penas, se superan, nadie dijo nada de olvidar.

Los secretos sólo lo son cuando nadie más lo sabe. Y ya todos nos hemos dado de bruces con el famoso "nunca es tarde." . Si quieres algo, a por ello. Porque, por si la memoria te falla, ya pediste préstamos al tiempo, y tuviste que pagar con intereses cuadruplicados.

Las promesas, nunca al aire. ¿No sabes que puedes ilusionar? Y, la verdad, no hay nada más hermoso. Pero tampoco más peligroso. Ni nada más silencioso, que una ilusión despedazándose. Porque, al fin y al cabo, nadie oye a un corazón resquebrajarse.
Y sus esquirlas se clavan por dentro. Enfriando la sangre. Atrofiando los latidos y atorando los sentimientos; Algunos ingenuos lo llaman madurar.

No olvides, que no hay nada de malo en llorar- tampoco se trata de acabar con las grandes sequías en el mundo. Pero es garantía de haber sentido de verdad. Un viejo amigo me dijo, en su día, que nunca hay que arrepentirse de eso. No tardó mucho en desertar. En olvidarse, en echar a volar.

Cuando los ojos te pesen tanto como a mí, tanto, como los motivos para seguir, ciérralos.

Ciérralos y no temas dormir, porque, aún a riesgo de chocar con el despertar, de caerte al vacío, de dejar una pesadilla a medio acabar; aún siendo difícil de encarar la realidad, si te da motivos suficientes para avanzar, nunca, nunca, será en vano el soñar.
A.C.J.

martes, 17 de septiembre de 2013

Que sean costumbre, sin ser rutina.



Todo el mundo tiene una trampilla, debajo de alguna alfombra, en lo alto de alguna buhardilla, interna, por supuesto: en su cabeza. Algunos un poco más oculta aún, en el falso fondo del corazón. Entre dobleces de cosas que siempre llevamos, una etiqueta, un roce de manos.

Un trampilla que abrimos para huir, cuando buscamos que todo vaya un poco mejor, que el mundo parezca más feliz, que el cielo tenga más color. Que los buenos gestos sean costumbre, sin ser rutina, de cada día.


Algo idealizado todo esto quizá, pero son nuestras ilusiones y las adornamos cuanto queremos.


Huimos del frío, buscamos un enero acogedor.


A veces, estas trampillas, no conducen a lugares, sino a personas. Y donde unos guardan un trocito de mundo, otros guardamos a quien hay detrás de una sonrisa. Y mira que hay que ser grande para sustituir a un pedazo de universo. Y mira que hay que ser grande, para que alguien te considere concepto de su bienestar. Para que alguien se atreva a llamarte, "felicidad".


                                                                                                         A.C.J.

viernes, 13 de septiembre de 2013

"Entonces, escribo"

Que por qué escribo cosas tristes. Y que por qué parece que visto mis paredes de luto por dentro. Yo bajo la mirada. Digo que contrasta con las luces de fuera, no deja de ser cierto.
Es complicado. No quiero que me tomen por loca. Ni tampoco me llena que lo hagan por cuerda.
No se escucha nada,  las palabras, como un arpón: silencio de negra.

Hay una extraña belleza en la tristeza. Párate a pensar. Las canciones más bonitas, son las de quebranto. Las poesías no escritas, se descifran entre llantos. Hay algo, en una tela desgarrada, que la acredita como superviviente.

Quiero decir, que hay algo de poético en esa frialdad que dice ser auto-suficiente. Claro que mientras no miramos, se descose a navajazos la sonrisa de la que depende.

Licencia para reír en un mundo hiriente.


  A.C.J.

Ecos.


Y así, poco a poco, la fue perdiendo. 

Se alejaban hasta hacer insalvables las distancias. Él, orgulloso. Con carrera en la vida. Ella, perdida. No era más que una cría. Esa realidad sólo se repetía. Una cría. Una entre mil millones. Posiblemente de ésas que hay a montones.
Como tal la trataba, jugaba al continuo juego del despiste. Ella prefería pensar que la vida era un chiste. Con pequeños tiempos muertos, inútiles intentos.
Decidió que tendría que conformarse con observar desde lejos. Con estar a su lado sin estar con él. Con despertarse y volver a cerrar los ojos sólo para imaginar que estaba a su lado. Con esperar a ver cómo sonríe si recibe una flor el día de su cumpleaños. Ver cómo se enamora. Morirse de pena cuando llora.
Tendría que vivir con ello. Saber que todo eso pasaría. Cualquier otra, más guapa,más lista, con más antigüedad en este mundo a veces anarquista. Pero algún día, ella crecería.
Estaba segura.
Entonces, él tendría que vivir con que un día la tuvo. Un día fue suya.

................ Fechado a un seis de-no dulce- noviembre de 2011 cualquiera.  .................. 

Escribe idiota del futuro a idiota del pasado, ¿me recibe?
Ese día, 
ha llegado.                                                                                                             A.C.J.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Más etéreo que el olvido, el recuerdo, el reencuentro.

Hay ocasiones, en  las que el choque de dos recuerdos, es responsable de ondas expansivas, que podrían considerarse lo más gélido, de la guerra fría.

 Dos miradas se entrelazan. Se crea una corriente al momento. Y parece que quieren conocerse desde siempre, por fuera y por dentro.


No recuerdan bien. Tienen la sensación de haber coincidido en alguna otra vida. O de tener alguna pendiente en común.



Las líneas, resultan conocidas. Dos miradas perdidas se encontraron. Una niña y un niño. Juntos, sin tocarse, y de la mano.


La piel marchita, las arrugas infinitas. Historias que se ahogan en una sonrisa, que surca una cara, doblegada a las inclemencias del tiempo.

Se pronuncian primero los labios: se curvan hacia arriba. Pero despacio. Muy despacio. Ya hubo tiempo de correr, y ya saben lo que es salirse por la tangente.

Por unos segundos, se agrieta el muro de cristal, se resquebraja el velo del olvido.

Una chispa prende los ojos que un día conocieron, el cariño de otro ser vivo.

Ella no entiende, por qué le tiembla el pulso.

Él no comprende, cuándo la juventud cayó en desuso.

Se miran  las canas, unas cuantas lloviznas más viejas. Como si fueran metáfora del sueño que ha dormido sus desvelos. Ahora son dos extraños, atrapados en una realidad que solo conocen ellos. Y confunden caras, días, y persiguen sueños.


Alguien le ha dado un nombre a esa situación, pero es más fácil decir que sólo han olvidado recordar quiénes eran, quiénes son.


Y esas caras, que se miran, se han rozado en el viaje de la vida, y han significado tanto, que se recuerdan incluso sin saberlo. Y el recuerdo produce un instante de lucidez, que dice más de lo que puede decirse en años enteros de ella.


Se miran, y entienden, de pronto, antes de volver a preguntar "¿Disculpe, le conozco?".


 A.C.J.











Volvía.

Las calles volvieron a llenarse. Las flores presidían la ciudad, de nuevo, desde lo alto. Y serpentinas kamikazes volando.
Volvían a escucharse risas de fondo, el estrepitoso silencio del aforo ilimitado. Volaban papelinas que nadie veía, tráfico ilegal de sonrisas.
Los papeles de colores volvían a rendirse a la fiesta dejándose morir, arrollados por las carrozas. Aceptaban ser pisoteados por el mundo, y a cambio eran testigos silenciosos de las historias más inverosímiles al calor de la confusión de la muchedumbre. Coriandoli, dicen los italianos.
Una flor, seca, recuerdo expreso de aquel mismo día, pero no de ese año.
Volvían. Todos volvían. También la idiota del corazón en llamas. Bajo la lluvia de confeti y la guerra de tambores y trompetas, por momentos aquello se detenía. Y por momentos, levantaba la mirada y lanzaba una especie de ultrasonido al cielo, que solo quería decir, "sácame de aquí", al tiempo que echaba amarras al suelo, para asegurarse de que nadie lo hiciera.


 A.C.J.







lunes, 2 de septiembre de 2013

Aún por mecer.

Ahora que calla la luna,
el crepitar de las notas viejas,
marchitas aquellas letras,
que no saben qué decir.

Es ahora, que pareces dormir,
cuando vengo a susurrar,
de las cavernas que hay en mí,
mis ecos de frialdad.

Mis grietas de amor, justicia, y soledad.
Mis piedras, son mil, caminos por andar.

Sonreír, se puede sonreír,
hasta que el sol deje de brillar.
Pero lo de vivir, eso,
 necesita más continuidad.

Mis vacíos, mis avernos,
mil abismos.
Mis miedos, mis inviernos,
son los mismos.

Las palabras, para agujerear la piel.
Los clavos, serán esta vez cincel.

A tratar, antecedentes de futuro,
 futuros de antes de ayer.
Gestos deleznables,
motivos, para dejarlos ver.

Razones, para ser.
Dolor, hay que crecer.

Risas, para saber,
que la cuna de cada mañana,
está aún por mecer.
 A.C.J.



Si se oye un "siempre", corre.

Nadie va a estar ahí siempre. Nadie es incondicional. Nadie va a estar para recogerte,  así que procura no caerte.
La teoría de la bondad natural, queda bien escrita sobre un papel, con un par de firmas. Pero son pocas y ficticias las personas buenas por naturaleza. 
Si se oye un "siempre", corre. Pero en dirección contraria. Normalmente no esconden nada bueno. 
Ojo con los "te quiero" y similares,porque si fueran puestos a examen, ni la mitad pasarían la prueba de autenticidad.
No dependas de nadie, nunca. Si no puedes evitarlo, busca un puente lo suficientemente alto y ataja, porque más vale.
Entre todo esto, hay, a veces, pequeños puntos de luz. Las llamadas "excepciones". Personas que hacen que sonrías, que brillan de por sí. Ésas que a veces parecen incomprensibles, pero a las que al mismo tiempo, podrías llamar hogar.
Ésas que sabes que merecen la pena.


A.C.J.

Está excusado si alguna vez le duele el pecho.

Hoy, vi llorar a un chico. Al más fuerte, al más grande, al más niño. Al más entusiasta, al que quiere ser el número uno entre los números uno. El que lo da todo en cada paso. El de la sonrisa inmensa.  El que nunca imaginas destrozado.
Y en ese momento se me antojó tan grande, que desde entonces no queda sitio para duda alguna, de que está excusado si alguna vez le duele el pecho, por tener semejante corazón.
Y en cada sollozo, vi a otros tantos. Y  todos tenían el mismo puñal hendido, sacado con giros de muñeca, que disfrazan en forma de inocentes mariposas.

A.C.J.



lunes, 12 de agosto de 2013

Incursión nocturna desde las alturas.



Aprovecho la sinceridad que me brinda la falta de luz. La sutileza impropia de la juventud.
La franqueza que me evoca la templanza de las farolas, la intermitencia de esa estrella, el ulular de las olas.
Aprovecho para admitir, que guardaba con cariño cada ápice de dolor, que lo cuidaba, cultivaba y dormía con su olor.
Manías de romántica empedernida.
Subsisto a carcajadas, escribo a suspiros y vivo a bocanadas.
Los silencios de comas suspensivas, la continua búsqueda de ideas subversivas.
Aprovecho para decir, que intento dejarlo, que he dejado la vieja costumbre de ir pisando charcos.
Que intento romperme un poco menos, pero ocurre algo, encuentro belleza en lo amargo.


                                                                                                                               A.C.J.


El tiempo actúa.

Puedes intentar quedarte,
con el rastro de polvo que dejo,
tal vez consigas algo,
si vas a criticar,
mírate al espejo.

Aquí pone autosuficiencia,
solo por hoy,
y no es decadencia,
ni como soy.

No es mi estilo,
nunca lo fue,
 no es por serme infiel,
pero me provoca descontento,
tanta banalidad bajo una piel,
debería ser motivo de tu desaliento,
para que escatimases en palabras, razón.
Prefiero invertir el sentimiento,
armar unos versos,
hacer del rechazo canción.

Así me ahorro el hablar contigo y regalar una lección.

Digno de cualquier improvisación,
ahora coge tú tres letras y monta una mejor versión.

He oído cómo firman las frases,
las lanzan sobre bases,
velocidad de larga distancia,
ni así recortaría yo en ignorancia.

No busco dejarte por los suelos,
pero gente como tú,
cada día vale menos.

No hago aprecio,  sigo hacia delante,
no me complicaré la vida en estorbarte,
pero cuida, no obstante,
de  nunca verte pendiendo de mi mano,
porque no aseguro que te queden ganas de contarlo.

Corre, ríe, inventa,
sé la reina de todas tus fiestas,
píntate y juega a ser,
porque los de verdad,
tenemos cosas que hacer.

Y alimenta el quiero y no puedo cada día,
yo me quedo trabajando en silencio,
sin especial algarabía,
tú, pule tu técnica, no la mía,
por eso de que el tiempo,
actúa, que no expía.

Buena suerte,
espero tengas noticias mías,
que no se te atraganten,
que aviven las llamas de tu hipocresía.




                                                                                               A.C.J.



jueves, 1 de agosto de 2013

Por vivir sintiendo, sabe que ha vivido.

Hoy, amagué con olvidar. Todavía no cobran la intencionalidad. Es cuando has cerrado los ojos, respiras otro mar, navegas otro aire, otra luna en tu cristal. Es entonces, cuando los mejores y mayores mazazos que el tiempo- que nunca controlaste- reservó para ti, se lanzan al vacío. Objetivo prefijado en tu frente.

Explosivos, de forma inherente.

Por misión llevan despertar el recuerdo. Remover, de fachada para adentro. Para ello, colocados estratégicamente.

Fieles aliados de aquel  "Recuerde el alma dormida".  ¿Su política? Agresiva: una herida cerrada es transgresiva.

 Y cultivan terrenos baldíos de cicatrices. No escatiman en matices. Torneados con sonrisa de medio punto,  labrados con nostalgia de futuro, las púas, impregnadas en cianuro.

Y golpean sin su peso, las palabras a distancia,
"me voy, me marcho", dicen, tiene su gracia.

 Encierra a ese corazón de los días de pulso débil,  al de los titubeos, los crímenes sin un móvil. Autor de las cartas a fuego lento, artesano de escalofríos, no siempre con fundamento.

Al que provocaba el temblor de tu boca, el que construyó el dique, donde tus ojos filtran lo que dicen. Al que te contuvo con los nervios a flor de piel. Quien tuvo retuvo, y quien no, nunca debió tener. Al de la sonrisa dulce y la mueca de hiel. El que te sostuvo, cuando la sangre no quería correr.

Habitante de cada invierno. Dicen que es el frío quien se abriga cuando sale.

Enciérralo y tira la llave, a la alcantarilla donde guardes tus logros, que no puedas compartir con nadie.

Que por soñar despierto, teme vivir dormido. Pero que por vivir sintiendo, sabe que ha vivido.


                                                                                                                                         A.C.J.

Nao cuarteada


Era nave varada,
paradero de las miradas tristes,
que dedicamos al mar.

Era noche estrellada,
con esa calma,
que da solemnidad.

La mar, queda,
predispuesta para escuchar secretos.

La luna, se esperaba llena,
como las copas donde se ahogan los lamentos.
                                                                                               
Era barco sin marineros,
ni timonel, ni tampoco timón.
                                                                                               
Barco sin rumbo, ni velas, ni arrieros,
tampoco patrón.
   
Los farolillos, se apagaron,
la luna, no compareció.

Las estrellas al estrado,
el silencio presidió.

Se estremeció la polvareda,
presa de las grietas de cada listón.

En las balas, miradas resignadas,
eran carne de cañón.

Resquebrajadas las botellas de ron,
la proa, huérfana, sin mascarón.

No había botes a los lados,
por no haber, no había ni polizón.

Los barriles, sin manzanas,
no tenían a quien esconder.

Sólo el ancla huía lejos,
por la borda,
por los sueños del ayer.

De fondo, una voz ronca, cascada,
de las que tienen mucho que contar,
apagada, se la oye susurrar:

"Era nave varada,
paradero de las miradas tristes,
que dedicamos al mar.".


                                                                                                A.C.J.

Latidos de madera


Donde la memoria se quiebra,
donde acaba el camino,
donde comienzan los sueños,
a dar cuenta al olvido.

Cruzando el último destello,
que de su risa aún nos llega,
remachada con retales,
de latidos de madera.

Amagando en los portales,
amenaza con derrumbe,
avalanchas controladas,
no son marzas para octubre.

Común error,
pasos a ciegas,
mortales en su destino,
letales si no llegas.

Voces cansadas,
noches en vela,
susurros añejos,
beodos a secas.



Miradas a tientas,
el pulso en reserva,
gritos ahogados,
la almohada revienta.

Golpean pasos firmes
con  aldaba sobre cristales,
golpean las miradas,
salpicadas de verdades.

No confundir con señales,
lo que son casualidades.
No contar de diez en diez,
lo que viene por millares.

A.C.J.


miércoles, 31 de julio de 2013

Adolece de ausencia

Tanto que vivir, y todos, tan ocupados en existir.


Quisiera rescindir,
descerrajar todos los grilletes,
eso sí, nadie puede decir,
que vengo con ribetes.

No quiero florituras,
ni florines,
nada de mosqueteros, caballeros,
ni flores, ni bombines.

No quiero camisas
con supuestos al uso de chorreras,
ni palabras de premisas,
que no son verdaderas.

No quiero cortesías,
y menos reverencias,
no hay verdad que no acarree,
una mínima violencia.

Adolece de ausencia,
pero acusa la presencia.

Cierra los ojos, recuerda.
sesenta y cinco millones de versos,
cuatro letras,
escueta.

Escribe,
se ausenta,
camina despacio hacia la obsolescencia.

Cierra,
y cuelga,
busca, callada, la estridencia.

Calmada, calada,
apura, conciencia.

Derruye, sentencia,
rehúye, ¿coincidencia?

Posa los ojos,
 carretera de suspiros,
 en la piel rastrojos,
presumible es el destino.

Respira sin prisa,
pero sin perder tiempo,
actúa indecisa,
pero férrea, de hielo.

Y forja los desvelos,
en la fragua de su bolsillo,
con más candor que Hefesto,
y no siempre con martillo.

No usa tenazas,
es inmune al fuego,
está hecha de sueños,
incandescentes pero tiernos.

Moldea, en lo que es el volcán de las palabras,
ríos de lava, encauzados,
sin filósofos que se arrojen a su vacío,
llora el Etna, eclipsado.

Susurra hasta la ronquez,
de un verano de ventisca,
y grita, hasta volver a su niñez,
que apenas lo divisa.

Un hilo de voz,
desde aquel niño calmado,
aún no lastimado,
que sonríe a corazón abierto,
desde las llagas del pasado.


 .















domingo, 21 de julio de 2013

Luces de candileja

En tu corazón, albergas tinta o sangre,
bombeas sueños o verdades.
Estás hecho de besos o de versos,
respiras aire o ilusión.

En el hatillo sentimientos,
y tira millas hacia la perdición.

Astillas de papel, y encajes desgarrados,
esquirlas de vino, y restos de bordados.
Puntillas demacradas, la cubertería en llantos,
luces de candileja, susurros de un candelabro.

A las arañas del techo, no les queda luz,
y las cortinas de terciopelo, no pueden ni moverse.

Los tapices, a zarpazos, gimen que lo vieron.
Las columnas, antes dóricas, lo sufrieron.

En sus grietas, se cuenta la historia.
El desastre, su única memoria.

La caída del imperio de tu risa,
y de la curvatura de tus labios,
el declive de una brisa,
no es culpa de los años.

Cuentan las líneas, el cuento de un alma, que se dio a torcer.
Que se inyectaba todas las realidades menos la propia,
no pudo ser.


A.C.J.

martes, 16 de julio de 2013

A modo de caricia contenida.






Entonces, ahí está. Ves la piedra. Tu piedra. No eras sin ella. Pero sí era sin ti. A veces, todo tu suelo. No se ha movido, sigue ahí plantada. No ha cambiado nada. Al fin y al cabo, las piedras no respiran.
Solo puedes ampliar el gesto, bajar la mirada y, finalmente, sonreír. 

 A modo de caricia contenida, para ese niño que tropezaba. Para él, que hubiera caído una y mil veces más. Para él, con el que tanto has vivido. Para él, que no es otro sino tú mismo, un poco más crecido. Un poco más alto, un poco más rápido,  un poco más fuerte. Un poco más. Entonces, ahí está: eres tú el que ha cambiado. 


A.C.J.
   

Sonrisas de alfiler.

Cierra los ojos. Sientes el aliento de las punzadas que te persiguen cada noche en la nuca. Sientes los sueños mezclarse con agujas. Sientes las grietas, abriéndose paso desde dentro. Las palabras, sonrisas hechas de alfiler. Las miradas, todo quedó en un ayer, que prometió llegar mañana, pero que nunca coincide con hoy. Llevas el alma siempre en ascuas, los pasos se vuelven incendiarios, el camino que marcan, parece siempre arbitrario.

Escritos a fuego, quedan los momentos importantes, los pensamientos determinantes, sobre la piel. Arrugas que narran, que ríen, que callan. Una gota de lluvia, un despertar, cada desvelo. Micro-segundos para pintar el universo.

Arañazos a colgar de la pared. Millón y medio de cicatrices, no todas con su porqué. Dibujar a base de desgarros. Que toda colilla, fue una vez cigarro. Vacío en el tintero, rasguños, tiznas de carbón. De mimbre, el corazón.

Dale un segundo, lluvias torrenciales y se nubla la visión. Cien hojas, no mueven lo que una buena canción.
Y si revientas por dentro, puedes comprobar hasta dónde llegan los pedazos. Merece la pena mantenerse en pie para volver a caer, si el trayecto se puede realizar a plazos.
A.C.J.