jueves, 1 de agosto de 2013

Por vivir sintiendo, sabe que ha vivido.

Hoy, amagué con olvidar. Todavía no cobran la intencionalidad. Es cuando has cerrado los ojos, respiras otro mar, navegas otro aire, otra luna en tu cristal. Es entonces, cuando los mejores y mayores mazazos que el tiempo- que nunca controlaste- reservó para ti, se lanzan al vacío. Objetivo prefijado en tu frente.

Explosivos, de forma inherente.

Por misión llevan despertar el recuerdo. Remover, de fachada para adentro. Para ello, colocados estratégicamente.

Fieles aliados de aquel  "Recuerde el alma dormida".  ¿Su política? Agresiva: una herida cerrada es transgresiva.

 Y cultivan terrenos baldíos de cicatrices. No escatiman en matices. Torneados con sonrisa de medio punto,  labrados con nostalgia de futuro, las púas, impregnadas en cianuro.

Y golpean sin su peso, las palabras a distancia,
"me voy, me marcho", dicen, tiene su gracia.

 Encierra a ese corazón de los días de pulso débil,  al de los titubeos, los crímenes sin un móvil. Autor de las cartas a fuego lento, artesano de escalofríos, no siempre con fundamento.

Al que provocaba el temblor de tu boca, el que construyó el dique, donde tus ojos filtran lo que dicen. Al que te contuvo con los nervios a flor de piel. Quien tuvo retuvo, y quien no, nunca debió tener. Al de la sonrisa dulce y la mueca de hiel. El que te sostuvo, cuando la sangre no quería correr.

Habitante de cada invierno. Dicen que es el frío quien se abriga cuando sale.

Enciérralo y tira la llave, a la alcantarilla donde guardes tus logros, que no puedas compartir con nadie.

Que por soñar despierto, teme vivir dormido. Pero que por vivir sintiendo, sabe que ha vivido.


                                                                                                                                         A.C.J.

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