lunes, 2 de septiembre de 2013

Está excusado si alguna vez le duele el pecho.

Hoy, vi llorar a un chico. Al más fuerte, al más grande, al más niño. Al más entusiasta, al que quiere ser el número uno entre los números uno. El que lo da todo en cada paso. El de la sonrisa inmensa.  El que nunca imaginas destrozado.
Y en ese momento se me antojó tan grande, que desde entonces no queda sitio para duda alguna, de que está excusado si alguna vez le duele el pecho, por tener semejante corazón.
Y en cada sollozo, vi a otros tantos. Y  todos tenían el mismo puñal hendido, sacado con giros de muñeca, que disfrazan en forma de inocentes mariposas.

A.C.J.



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