lunes, 12 de agosto de 2013

Incursión nocturna desde las alturas.



Aprovecho la sinceridad que me brinda la falta de luz. La sutileza impropia de la juventud.
La franqueza que me evoca la templanza de las farolas, la intermitencia de esa estrella, el ulular de las olas.
Aprovecho para admitir, que guardaba con cariño cada ápice de dolor, que lo cuidaba, cultivaba y dormía con su olor.
Manías de romántica empedernida.
Subsisto a carcajadas, escribo a suspiros y vivo a bocanadas.
Los silencios de comas suspensivas, la continua búsqueda de ideas subversivas.
Aprovecho para decir, que intento dejarlo, que he dejado la vieja costumbre de ir pisando charcos.
Que intento romperme un poco menos, pero ocurre algo, encuentro belleza en lo amargo.


                                                                                                                               A.C.J.


El tiempo actúa.

Puedes intentar quedarte,
con el rastro de polvo que dejo,
tal vez consigas algo,
si vas a criticar,
mírate al espejo.

Aquí pone autosuficiencia,
solo por hoy,
y no es decadencia,
ni como soy.

No es mi estilo,
nunca lo fue,
 no es por serme infiel,
pero me provoca descontento,
tanta banalidad bajo una piel,
debería ser motivo de tu desaliento,
para que escatimases en palabras, razón.
Prefiero invertir el sentimiento,
armar unos versos,
hacer del rechazo canción.

Así me ahorro el hablar contigo y regalar una lección.

Digno de cualquier improvisación,
ahora coge tú tres letras y monta una mejor versión.

He oído cómo firman las frases,
las lanzan sobre bases,
velocidad de larga distancia,
ni así recortaría yo en ignorancia.

No busco dejarte por los suelos,
pero gente como tú,
cada día vale menos.

No hago aprecio,  sigo hacia delante,
no me complicaré la vida en estorbarte,
pero cuida, no obstante,
de  nunca verte pendiendo de mi mano,
porque no aseguro que te queden ganas de contarlo.

Corre, ríe, inventa,
sé la reina de todas tus fiestas,
píntate y juega a ser,
porque los de verdad,
tenemos cosas que hacer.

Y alimenta el quiero y no puedo cada día,
yo me quedo trabajando en silencio,
sin especial algarabía,
tú, pule tu técnica, no la mía,
por eso de que el tiempo,
actúa, que no expía.

Buena suerte,
espero tengas noticias mías,
que no se te atraganten,
que aviven las llamas de tu hipocresía.




                                                                                               A.C.J.



jueves, 1 de agosto de 2013

Por vivir sintiendo, sabe que ha vivido.

Hoy, amagué con olvidar. Todavía no cobran la intencionalidad. Es cuando has cerrado los ojos, respiras otro mar, navegas otro aire, otra luna en tu cristal. Es entonces, cuando los mejores y mayores mazazos que el tiempo- que nunca controlaste- reservó para ti, se lanzan al vacío. Objetivo prefijado en tu frente.

Explosivos, de forma inherente.

Por misión llevan despertar el recuerdo. Remover, de fachada para adentro. Para ello, colocados estratégicamente.

Fieles aliados de aquel  "Recuerde el alma dormida".  ¿Su política? Agresiva: una herida cerrada es transgresiva.

 Y cultivan terrenos baldíos de cicatrices. No escatiman en matices. Torneados con sonrisa de medio punto,  labrados con nostalgia de futuro, las púas, impregnadas en cianuro.

Y golpean sin su peso, las palabras a distancia,
"me voy, me marcho", dicen, tiene su gracia.

 Encierra a ese corazón de los días de pulso débil,  al de los titubeos, los crímenes sin un móvil. Autor de las cartas a fuego lento, artesano de escalofríos, no siempre con fundamento.

Al que provocaba el temblor de tu boca, el que construyó el dique, donde tus ojos filtran lo que dicen. Al que te contuvo con los nervios a flor de piel. Quien tuvo retuvo, y quien no, nunca debió tener. Al de la sonrisa dulce y la mueca de hiel. El que te sostuvo, cuando la sangre no quería correr.

Habitante de cada invierno. Dicen que es el frío quien se abriga cuando sale.

Enciérralo y tira la llave, a la alcantarilla donde guardes tus logros, que no puedas compartir con nadie.

Que por soñar despierto, teme vivir dormido. Pero que por vivir sintiendo, sabe que ha vivido.


                                                                                                                                         A.C.J.

Nao cuarteada


Era nave varada,
paradero de las miradas tristes,
que dedicamos al mar.

Era noche estrellada,
con esa calma,
que da solemnidad.

La mar, queda,
predispuesta para escuchar secretos.

La luna, se esperaba llena,
como las copas donde se ahogan los lamentos.
                                                                                               
Era barco sin marineros,
ni timonel, ni tampoco timón.
                                                                                               
Barco sin rumbo, ni velas, ni arrieros,
tampoco patrón.
   
Los farolillos, se apagaron,
la luna, no compareció.

Las estrellas al estrado,
el silencio presidió.

Se estremeció la polvareda,
presa de las grietas de cada listón.

En las balas, miradas resignadas,
eran carne de cañón.

Resquebrajadas las botellas de ron,
la proa, huérfana, sin mascarón.

No había botes a los lados,
por no haber, no había ni polizón.

Los barriles, sin manzanas,
no tenían a quien esconder.

Sólo el ancla huía lejos,
por la borda,
por los sueños del ayer.

De fondo, una voz ronca, cascada,
de las que tienen mucho que contar,
apagada, se la oye susurrar:

"Era nave varada,
paradero de las miradas tristes,
que dedicamos al mar.".


                                                                                                A.C.J.

Latidos de madera


Donde la memoria se quiebra,
donde acaba el camino,
donde comienzan los sueños,
a dar cuenta al olvido.

Cruzando el último destello,
que de su risa aún nos llega,
remachada con retales,
de latidos de madera.

Amagando en los portales,
amenaza con derrumbe,
avalanchas controladas,
no son marzas para octubre.

Común error,
pasos a ciegas,
mortales en su destino,
letales si no llegas.

Voces cansadas,
noches en vela,
susurros añejos,
beodos a secas.



Miradas a tientas,
el pulso en reserva,
gritos ahogados,
la almohada revienta.

Golpean pasos firmes
con  aldaba sobre cristales,
golpean las miradas,
salpicadas de verdades.

No confundir con señales,
lo que son casualidades.
No contar de diez en diez,
lo que viene por millares.

A.C.J.