lunes, 29 de diciembre de 2014

Póstumo


Voy a hablarte bajito,
a modo de confesión para todo un auditorio,
con palabras cortas y sencillas,
y mirándote a la cara,
aunque tú no veas nada.

Y antes de que empiece a llover,
y caigan misiles antiaéreos
 de los que sólo chocan contra mí,
te anticipo que me voy.

Que fuiste, eres, y serás,
 la misma persona que nunca ha sabido pronunciarse de una forma simple y sincera,
 y también la misma persona que viste por dentro una calidad inmensa
inmersa
y oculta.

Te anticipo que me voy sin equipaje,
porque quiero ser ligera,
tener un alma irrefrenable
que no vuelva  a vararse.

Que viaje en globo,
que guarde pensamientos en una petaca,
y que siempre cante, y no hable
con nadie 
de ti.

Que viva con las manos llenas de tinta
 y que respire arte.
Que sepa siempre valorarse.

Y si ves un detalle por tu cumpleaños,
y quizás  otras fechas importantes,
no hará falta que contestes
porque estaré ilocalizable.

Y, no voy a mentir,
me gustaría que algún día
recuerdes que te ofrecí
magia anti-rutina,
y ganas de vivir.

Pero, ante todo,
 si algo me gustaría que fueras,
es
 feliz.





                                             A.C.J.










miércoles, 24 de diciembre de 2014

Entre las clases que te perdiste



¿Recuerdas?

¿Recuerdas las noches subiendo cuestas interminables?
 ¿Los vasos chocando, urdiendo sus planes?

¿Recuerdas la estación? ¿Aquella tarde esperando a nadie?
                                                             ¿Recuerdas Burdeos?                                                                                        
                                                                  ¿Y sus luces?                                                                                                              
   ¿La plaza? ¿Los paseos?

                                                         ¿Te acuerdas de mi cumpleaños?                                                                
 ¿De alguno de ellos?

¿De la estrella fugaz? ¿De la canción que no queríamos que dejara de sonar?

¿Te acuerdas de los abrazos cortos, los cafés largos, y la sonrisa de ‘te voy a matar’?
¿Recuerdas las conversaciones sobre nada? ¿Las películas, los planes para escapar?

¿Recuerdas alguno de todos esos momentos en los que debiste estar,
y  en los que no estuviste?

Por supuesto que no.
Imposible. 

Pero yo sí.
Todos, a decir verdad.

Y no porque ningún mal sentimiento
los haya marcado,
al contrario,
en realidad.

Nítidos y claros
ellos  nunca se han querido marchar.


 Y es que cada uno
fue una clase magistral,
 una lección
ácida,  áspera, a veces precoz,
Y
aún con todo,


Excepcional.

   A.C.J.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Envuelto en excusas, doble capa.

Me encantaría,
pero se me hizo tarde.
Estaría bien,
pero tengo que dormir.

Te ayudaría,
pero soy demasiado cobarde,
yo viviría,
Pero tengo miedo a sufrir.

Te quiero pero te delatan los años,
sería bonito, pero soy mayor.

Eres pequeña y se nota el espacio,
la burbuja de aire
que hay entre los dos.

Yo saltaría, pero está muy alto,
Me atrevería, pero me aterra sentir.

Y todo lo dijo con la miel en los labios,
de quien tiene la facha de prometer
sin cumplir.

Y yo, que ya sólo puedo buscarle la gracia,
le respondí,
que en los peros, no cuenta la mitad de la frase.

Que quien no vive,
Es por miedo a vivir.

Que la edad no se cuenta
Ni en  años, ni fechas,
y, tal vez, sí en fases.

En lo que haces,
y en lo que no.

Que los mejores momentos,
los pierden los necios,
por no bailar más que a su propio compás.

Por ser, sobre todo,
tan ciegos,
para no ver lo que tienen delante,

ni lo que dejan atrás.


A.C.J.


martes, 16 de diciembre de 2014

Carta para un mundo sin iniciativa.


No hablaré, esta vez, de por qué nadie (o casi) se va con campanilla,
Ni de por qué yo estoy aquí, tú también, y nunca nos hemos encontrado.

Ni de los desencantos de las almas necias, que no saben apreciar lo bailado.

Ni de por qué el alcohol destilado quemaría menos la garganta que los tragos que nos sirve la vida, y que nos hace tomar, a pelo, porque sí, porque te ha tocado.

 Porque tiene un curioso concepto de la cortesía, 
y siempre es anfitriona.

En cambio, sí hablo de la importancia de saber, aún hoy en día, vivir despacio.

De partir una micra de
 un segundo de un instante,
 infinitesimal,
 y disfrutarlo.

De no perder la cabeza, si tus palabras o inquietudes no coinciden con las del rebaño.

Porque a menudo los mejores caminos, no son los más transitados,
Ni los campos que dan el mejor fruto, los más trillados.

Ten valor para escucharte,
Sin dejar de oír al resto.

Para dar pasos  adelante,
Cuando nadie haga eso.

Para ser coherente,
Quererte,
Y siempre, ser sincero.

Para afirmar el gris,
Aunque ellos solo vean en blanco
Y negro.

Para no huir
sistemáticamente
de las trayectorias peligrosas,
aunque no se hayan dedicado a enseñarnos otra cosa.

Para ser feliz,
sin necesidad de pintar
absolutamente
nada de rosa.

Y, sobre todo,
 para saber
que el que piensa por sí mismo,
puede ser,
de todo,
menos idiota.


                              A.C.J.


domingo, 30 de noviembre de 2014

Un calfred amb paraules, dins del cor.

No sé si em buscaràs, tan sol sé que no estaré on em vas deixar,
i sé, que espero que si em cerques, em trobis,
però en un altre lloc.

Molt, molt lluny de on sóc ara.

Potser dins del cor.

Molt amunt, molt diferent,
amb molta gent.

I amb llum,
 per tot arreu.

No m'agrada tota aquesta foscor que porto endins.

I tot perquè, després d'apagar la lluna, de vegades vaig oblidar on estava l'interruptor.

domingo, 19 de octubre de 2014

Yo te he oído reír.

Podríamos abogar por un romanticismo menos triste,
por un romanticismo que no empezara siempre en si menor,
por una cruzada contra los días grises,
y una sonrisa que no entienda de rencor.

Podríamos buscar en cada mirada,
un soplo de vida que hable sin voz,
podríamos ser la bocanada
de aire que hable de lucha interior.

Podríamos bailar y seríamos dos locos
al compás de una misma canción.

No importa si nadie más la oye,
si tú la escuchas,
ya somos dos.

Dicen que los tesoros se guardan bajo llave,
y yo el mío,
 bajo edredón.

Que para ser feliz no existe clave,
y yo te he oído reír,
y tienes más de dos.

Sé mi sol en invierno,
y las mañanas para escribir
una buhardilla con vistas al puerto
y un soneto que hable de ti.

Abre la puerta,
que te quiero decir
que eres la paz después de la guerra,
la canción de todo mes de Abril.

Que a mí me gustan las tormentas,
y no pido paraguas, ni me da miedo sentir
que hay algo más esperándonos fuera,
que la vida comienza
cuando la tristeza empieza a morir.

Ven a mojarte aunque no llueva,
a contar olas
y a escucharlas crujir.

A embotellar momentos que valgan la pena,
a ser fugaces,
a vivir.


domingo, 12 de octubre de 2014

Y que su pelo huela a mar, y en sus palabras no haya bruma.

No creo
que nadie vuelva a ofrecerte nunca
lo que vine a darte yo.

Un amor sin condiciones
 ni preguntas,
un amor, por una vez, para los dos.

Y espero encuentres lo que buscas
en otros ojos, otro corazón,
que no tropiece nunca  en las arrugas,
ni se esconda en forma de rutina,
como las camisas planchadas en un cajón.

Espero,
te cuides y te cuiden,
tanto,  pero no  más,
de lo que quise hacerlo yo.

Espero que tus hijos crezcan sanos y felices,
que oigas "quiero ser como tú de mayor",
que nunca te falte valor.

Que la vida te sonría,
y no llegues nunca tarde.

Que las noches sean cortas,
que te duermas y te abracen.

Y, espero, que sea preciosa,
que te enamores de ella por las mañanas,
y te guste verla despertar.

Que sepa nadar también en los silencios,
y que valgan tanto sus palabras
como su cuerpo,
si no más.

Que tenga un corazón inmenso,
que sepa también de complicidad,
que te quiera en todos y cada uno de los asaltos,
y que sea siempre Capaz.

Que haya dos mujeres en tu cama,
que una te llame cariño,
y la otra papá.

Que tengas un abrazo profundo
y comprensivo,
todos los días de tu vida,
como el que siempre quise hacerte llegar.

Y que su pelo huela a mar,
y en sus palabras no haya bruma,
que su aliento sea brisa,
y te envuelva con espuma.

Que no encalles jamás.

Que vueles cerca del sol y no te quemes,
que muerdas el mundo
y te llenes los bolsillos de inmensidad.

Que saltes con los brazos abiertos
y nunca tiembles,
que te cubran las espaldas
y que el viento te despeine.

Que tengas una vida plena,
grande, sincera,
que sean de todos las risas,
 y compartidas las penas.

Y que ames, siempre,
la libertad.

Te di cuanto tenía,
y no pude darte más.


A.C.J.




martes, 23 de septiembre de 2014

3,2,1 ...

Para partir de cero se necesitan muchos finales. Pero puede que el adiós más importante sea el que tenemos que dar a nuestros viejos -y arraigados, asentados, y más que acomodados- complejos.  Expulsarlos con un sutil adiós mientras rasgamos las paredes de nuestra zona de confort. Aprender que incluso en nuestras mejores decisiones habrá un coste de oportunidad: habrá cosas que dejaremos de lado por otras. Y las perderemos. Y tendremos que acordarnos de dejar aparcados los "y si..." en la parte de atrás. Nunca han hecho demasiado bien.
Tendremos que acordarnos de quien nos quiere, y, por qué no, también de quien no. Pero ante todo tendremos que acordarnos de querernos a nosotros mismos. De llevar encima una sonrisa y muchas ganas de repuesto, por si los pinchazos.

Y de desterrar todo lo que algún día pudo sonar a inseguridades.

Buenas noches, y buen comienzo de un nuevo tramo, del mismo camino.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Personas. (Ahí es nada)

Respiran orgullosos
con su superluna,
brillando desde el cielo.

Sin saber las que se pierden cada día,
y que caminan por el suelo.

Las ajenas al firmamento,
con las que comparten sueños,
aire, feliz miseria
y a veces miedos.

Las que tienen luz propia,
y no precisan grandes aspavientos.

Las personas que son algo más grande
que carne, y simples huesos.




                                                                                                 
                                                                                       
                                                                                                                 A.C.J.


     







jueves, 4 de septiembre de 2014

Versos de tiza y motivos empapados.


Estúpidas las ciudades que se clavan.
Estúpidos recuerdos inmotivados.
Estúpidas las personas que regalan
versos de tiza tirados en asfalto.

Que se van con la lluvia,
para acabar en los tejados,
donde hablan de tristeza,
y motivos empapados.

Donde buscan su futuro,
arrastrando su pasado.

Y eso que sólo es polvo,
polvo mojado.

Estúpidos estudios
el uno del otro,
siempre inacabados.

Estúpidos sentimientos, 
sempiternos e innecesarios.

Estúpidos los pasos
que sólo llegan a complementarios,
que pudiendo ser más,
se quedan en noventa grados.

Estar de pie, pudiendo estar tumbados.

Estúpidos nosotros,
que los respaldamos,
sin decir algo más que nada,
ni nada más que algo.

Estúpidos, 
no por lo que hacemos,
sino por lo que guardamos.

No tanto por perdernos,
como por no encontrarnos.                


                                               A.C.J.





lunes, 1 de septiembre de 2014

Aún sólo es verano.

Pongamos que hablo de la ciudad
que se rindió una y otra vez a los pies de Loquillo.
Pongamos que se rinde hoy a los tuyos
y, con suerte, a los míos.

Pero nunca a los nuestros.

Pongamos que me pones
un café muy solo
a eso de las cualquiera en punto.

Que me despierto contigo,
y no hemos dormido juntos.

Que no sabrías mi nombre aunque fuera unir
una línea de puntos,
tirados en el suelo,
en forma de cartuchos.

Sólo una más,
por favor,
la última y nos vamos.

Digamos,
que hoy sonamos a rugido,
que lo contrario al amor es el amor correspondido.

Quédate dormido,
que aún sólo es verano,
que aquí no llega el frío,
querido chico del piano.

Que si no sabes quién soy,
yo prometo también olvidarte,
pero ahora no te vayas,
todavía no te marches.

Quédate dormido,
que aún sólo es verano,
que aquí no llega el frío,
que yo te despierto temprano.

Quédate conmigo,
que aún sólo es verano.


                                                                        A.C.J.


viernes, 22 de agosto de 2014

Cartografía submarina.

Bueno, al fin y al cabo, todas las escaleras tienen dos sentidos;
todos los mares guardan un bramido;
y unos mismos zapatos conocen muchos caminos.

Todos los hundimientos, tienen un fondo;
todos los fondos tienen un suelo. Y yo,
suelo pensar en lo que no fuimos.

Así que no puede ser tan malo.
Así que cuando me hunda, puede que no necesite que me salven.
Puede que no necesite aire.
Y que no me sobre el lastre.

Que guarde los versos con lacre.

Suelo abordar cada detalle,
aunque me quede sin barco
aunque me encalle.

Aunque ya no sople el viento cuando quiera marcharme,
aunque me vare,
o aunque finalmente, no sea yo quien gane.

Por eso puede que cuando me hunda, no necesite quien me salve.
Puede que no necesite aire.
Puede que no te llame.

Pero te invitaré.

Te invitaré a mi hundimiento,
para que veas el fondo que no cartografié,
porque era demasiado profundo,
demasiado complejo,
para conocerlo
y tenerse en pie.

Porque, tarde o temprano lo hubieran descubierto,
alguien se hubiera dado cuenta de que no era de este mundo,
de que era nuestro.

De que estaba encubierto,
de que era carne de secreter.

De que era demasiado disperso,
demasiado inmenso,
y de que brillaba, aún sin luna, cada anochecer.

Tarde o temprano se hubieran dado cuenta de que era un incendio sin llamas,
y aún así,
lo hubieran extinguido,
con ese afán destructor de todo lo bello,
con esa insoportable pesadez del ser.

Y no podía dejar que eso sucediera.

Y por eso, te invité a mi hundimiento
para que vieras el fondo que nunca cartografié,
para que vieras el lugar menos claro, y el más cierto;
para que vieras dónde te guardé.





                                                                                                                    A.C.J. 

lunes, 11 de agosto de 2014

Menos mal que aprendimos a ver con los ojos cerrados,
que seguimos lanzándonos por las calles cuesta abajo,
y que no dejamos de gritar al cielo que las noches tristes nos mataban
de una forma tan viva.

Menos mal que desde el suelo la mirada sólo puede dirigirse hacia arriba.



 A.C.J.

viernes, 25 de julio de 2014

Importancia a lo insignificante.

Corazón,
mi pequeño armatoste de piedra,
yo conocí siendo niña la alegría
en la tristeza.

Y no te creas,
volaba casi tanto como aquellos pegasos,
esos de madera.

Y las vistas,
¡qué bonitas eran!

Pero menos mal, me di cuenta,
también hay otras formas de belleza.

Resultó que pueden ser tan bonitas las dudas,
como las certezas.
Que el vértigo, a veces, salva vidas.
Y que no todo lo arregla una cerveza - pero casi-.

Resultó que sobre tierra firme,
también había cielo;
Que los barcos sin arrecife
arriban a mejor puerto.

Y todo eso,
todo lo que solíamos dar por hecho,
la importancia de ser feliz,
y la inconsistencia de lo venidero,
todo eso,
 resultó ser cierto.










Dorm

Mira,
a tus pies tienes la ciudad,
tan bonita, tan callada,
tan verdad.

Tan silente,
tan ausente,
y, siempre,
 ese tono maternal.

Mira,
escúchala callar.
Las luces reflejadas
se estrellan contra el mar.

Mira,
mira qué quieta está:
acuna en sus entrañas
poesía, y soledad.

Tan recia, tan terca,
y a la vez tan fácil de tratar;
heridas de reyerta,
y cuentos de ultramar.

Guarda en su regazo
esquirlas de luna,
de vino,
y de sal.

Mira, a tus pies,
durmiendo la ciudad,
tan inmensa, tan fulgente,
tan llena, tan verdad.


A.C.J.






Anecdótico, y ligeramente demente.

El caso, es que no sé cómo decirte que en otra vida has debido de quererme.
Y yo, me he debido de pasar de frenada.

Derrapar, dar un par de vueltas de campana, y quedar atrapada en el vehículo.

Y apuesto, incluso, a que fuimos felices. A que vivimos al Este, y no lejos del mar. Apuesto a que fue una vida bonita, larga y tal vez tranquila.

Total, hubo de serlo para albergar
hoy un afecto hacia ti tan grande como inmotivado.
Para importarme, sin razones, de verdad.
Para desear que te cuides, y te cuiden, tanto,
como yo debí de procurar.

Y recuerde todo el mundo que "deber de" indica probabilidad.

A.C.J.






Sin nota de despedida.

Se fue. La piel de porcelana, los ojos curiosos, las manos indiscretas. Murió la terquedad incorregible, y la has cambiado por una terrible pesadez en tus piernas.Ya no ignoras, y dominas el arte de la paciencia, y vaya, parece que el tiempo sí ha hecho mella, ¿qué ha pasado con esa sonrisa traviesa? No, no esa. Digo la que derrochaba inocencia.

Son tus recuerdos los que te alimentan, y nada, nada los supera. Por eso, cada vez te importa menos el mundo,
 y todo eso que conlleva su existencia.

Contemplas. Ahora todos viven rápido, y nadie espera. Tampoco ya nadie entiende tu letra, hace tiempo que el pulso también te abandonó. Por eso has dejado junto a la mesa, un montón de cartas, aquellas que nadie leyera. Tras tanto tiempo, has mantenido conversaciones incluso con las aceras. Y a menudo respondían de forma más inteligente que aquellos que pasaban sobre ellas-nada extraño-.

Has hecho pulseras con todas las cuentas, y conoces, no todas, pero sí muchas barreras. Qué bonitas eran tus piernas. Me han dicho que circulaban incluso poesías sobre tus caderas. Y vaya, imagina si te vieran.
Si te vieran les faltarían letras. Has cambiado de veras. Tienes la piel tan delicada como un pergamino de vitela. Tienes unas manos frágiles, arrugadas, y perfectas. Y unos ojos que desafían a cualquier guerra, y aún así, la mirada siempre tierna. Tienes algo más valioso que todo lo que perdiste, tienes experiencia. Y un alma inmensa.

Has visto marejadas, llanuras y tormentas. Has soportado el mar y su estridencia.Y llevas, a la espalda, alegría, risa, nostalgia y tristeza. No se sabe cuál a más leguas. Pero ya no das más vueltas.

Si te vieran... si te vieran sabrían que eres bella. Que el tiempo sí tiene huellas, que vivir a corazón abierto arrasa, y los sentimientos, a veces, te dejan en un continuo estado de posguerra.
Si te vieran; pero no te ven. Ahora que tienes tanto que decir, y ya nadie se sienta. 

Y cada mañana vas al mar, y te asomas impertérrita, por las barandillas carcomidas, mudas de violencia. El óxido, que avanza, y tú que te aferras. Tú te quedas. Quisieras quedarte para siempre, a ver las olas de nuevo romper entre tus piernas. Quisieras ser partícipe de todas las historias que los pescadores llenan de sirenas. Quisieras quedarte y que todo dejara de existir, y encontrar esa paz, que da la tierra. Y el mar sigue rompiendo, y salpica la barandilla, y tus manos, que ya no tiemblan. Y te llama. Y por eso, tú,  te quedas.




               

A.C.J.   /   J.S.B.                                         Fotografía: Javier Saldaña Blanco








                       

sábado, 19 de julio de 2014

De tu risa, y otros sonidos.

Recuerdo la risa que me pasé horas, días, imaginando.
La recuerdo como la imaginé, y no como la escuché.

Simplemente
porque en mi mente sonaba clara y distinta,
diferente.

Como sonaban tus palabras pendiendo
con pinzas de las cuerdas de tu voz.

Como suenan las letras en un papel
que solo habla a su lector;
un paisaje lejano en una fotografía;
O una canción de autor.

Sonabas a borbotones
de agua fría,
 rompiendo el aire,
y su supuesta armonía.

Era melodía.

Sonaba preciosa,
 leve, tenue y fuerte,
casi poderosa.

Y envolvente.
Como una noche suave y tibia,
perfectamente odiosa.

Sonabas a mar.
Y nunca creí en amar
y menos si es tan profundo como para ahogar a las personas.
Como para anegar.

Pero en ti sí,
porque, como las mejores mentiras,
sonabas a verdad.
















.

miércoles, 16 de julio de 2014

Palabras menores.



Qué importa si nadie viene a escucharnos,
si al menos, oímos nuestra voz.

Qué importa que no sepan de qué hablamos,
si tampoco esperamos contestación.

Qué importa, si nadie sabe dónde estoy,
si a nadie quise dar mi ubicación.

Y, qué importa, si nadie puede leer mi cara,
analfabetos en esperanza,
si lo que siento, lo traduzco en acción.


sábado, 12 de julio de 2014

Sonreía, y eso le bastaba.

Sonreía,
sin razón rebuscada.

Sonreía por el mero hecho de existir.
Sonreía, y le bastaba, era una forma de sentir.
                                                
Sonreía como lo deben de hacer las mamás primerizas de madrugada,
los jóvenes en ascuas,
y los niños cuando se les ocurre alguna genialidad por la que "alguien"
 se va a enfadar.

Y que aún así, hacen.

Con esa sonrisa vibrante,
excitada, exultante,
 y que se revela, silenciosa, en las comisuras,
como entusiasta, expectante.

Y ante todo,
felizmente aterrada.

Despavorida, amedrentada,
ante esa enorme, descomunal ignorancia:
 la suya.

Y embelesada,
por no tener el cómo, ni el qué, ni el cuándo,
ni mucho menos el dónde.

Maravillada ante la idea de irlos despejando;
de vivir.

Porque lo de menos, es contarlo.
Lo de más, disfrutarlo.
Ser feliz.

                                                                      A.C.J.

miércoles, 18 de junio de 2014

"Perdón por no ser tan mayor como ellos". Manifiesto de un niño adulto.

Perdón por no ser tan mayor como ellos.
Perdón por construir el castillo y caerme encima luego. Perdón por tropezar con todas esas piezas. Perdón porque aún no he aprendido a andar del todo.
Siento los desvelos, y de verdad, que intento ser valiente,  y no llorar cuando me dejas a oscuras. Y ese muro del que te quejas,  lo hice para que nunca vieras cómo mis paredes internas se caían a trozos. Perdón por no afeitarme aún, cuando ellos-creían- peinaban canas.
Y lo siento, sé que los demás te dicen lo bonita que (esperas escuchar que) eres, y que yo sólo sé tirarte del pelo y darte golpecitos en la espalda cuando no me estás mirando. E incluso ponerte la zancadilla.
Tengo que pedirte perdón por muchas cosas estúpidas. Los berrinches, las siestas interrumpidas, las velas de cumpleaños que no soplé lo suficientemente fuerte, y aquella estrella que dejé que te perdieras.
Me gusta decirte lo molesta que me resultas, porque quiero que sepas que aún así,  te aguanto. Porque creo que no hay mayor muestra de amor.
Y me gusta decirte sólo lo malo, porque todos los demás te dicen sólo lo bueno. Y alguien tiene que demostrar que no le importa hacer el trabajo duro.
Sí,  tengo que pedirte perdón por muchas  cosas.
Pero, si por algo he de sentirlo de verdad,
es porque tú no supieras apreciar todo eso.  


                                                         A.C.J.

sábado, 14 de junio de 2014

Súbditos del cargador.

Y entonces,  respira.

Deja atrás esa pantalla llena de letras, que cuando te vayas a dormir se habrán desvanecido.
Deja de una vez de pensar en ciento cuarenta caracteres. De medir tus sueños en megas, y de atesorar cosas virtuales. No sé si debo decirte que además de intangibles son algo insustanciales.

Des-
conecta.

Crea, inventa.
 Antes de que esa capacidad,  desaparezca.

Antes de que olvides el significado de individualidad, y además,  definitivamente, se pierda.
Levanta, despierta. 

Ya lo dijo Barón, "Vivimos en la era de la incomunicación". Y mira que somos estúpidos.
Proclamas tu libertad, y te gobierna un smartphone. Soberano. Y tú, súbdito y vasallo. Los robots malignos no han resultado ser lo que imaginábamos.

Sal de ese trance, que no vives, que no sabes, que has olvidado lo que vales. Te has olvidado de apreciar el tiempo. Y los días. Y el movimiento.
Ya no sabes ni siquiera un triste cuento.  

Silencio, porque es real. No sólo te lo están contando. 
Que tu vida se consume,  está pasando; y tú,  

tú ni siquiera estás mirando.                                                                                          


 

                                                                                                                  A.C.J.

lunes, 5 de mayo de 2014

-

Venía a hablarte de algo tan inusual como es coincidir contigo en la misma ciudad.
Y además, verte.

Venía a hablarte de la palabra felicidad.
De lo que quiero que nunca te falte.

Venía a decirte, que tienes la risa más contagiosa- y traicionera- que he visto en mi vida.

Que cuando respiras transmites ganas de vivir.
Y la ilusión que tanto das y quitas.

Y sé que sabes hacer que alguien se muera,
sin importarte nada más que tú en tu momento y tus circunstancias.

¿Y sabes?

Aún así, siempre tuve unas ganas terribles de que me sonrieras.


A.C.J.

domingo, 27 de abril de 2014

Cosmopolita de tu burbuja



Tengo más razones para olvidarte,
que días no has estado,
y no lo hago,
porque son mis rincones peor iluminados,
y los más claros.

Tengo cientos de historias que no pude contarte,
y no voy a hacerlo,
porque en su momento no las escuchaste.

Y tengo, viajes urgentes, emergentes, diferentes,
grandes cosas, que son las más pequeñas,
en las que no estás.

Porque no quisiste,
porque todo te resultaba pequeño,
y te creías inmenso,
 cosmopolita en tu burbuja;

y nunca reparaste en los detalles,
en la esencia de un invierno,
ni en lo más bonito de las grutas.

Así que, yo lo haré por los dos.

Hablaré despacio con esas palabras que no tienen dueño,
que se retuercen,
y que nunca tienen sueño.

Que guardan silencio.


Recordaré todo lo que olvidaste,
y lo que nunca me has contado,
y afirmaré todo lo que negaste,
y gritaré, lo que nunca han escuchado.

Me volveré a caer,
y aguantaré, hasta que me obedezcan los dados,
hasta que mi poema yazca, descuartizado.

Viviré,
Por ti y por mí,
por ellos.

 Por los que se han ido y por los venideros.

Y por los coetáneos que no saben ser sinceros.

Porque quiero,
y eso, nadie podrá quitármelo.

Porque es tan mío,
como de Valle-Inclán el Esperpento,
y las nivolas de Unamuno.

Es tan mío, como un día
fue tuyo.




Harapienta fortuna.



Llantos, tortura, estallan.
Se clavan, disparan, las garras.
nos apresan y retratan,
nuestro terco porvenir y la desgana.

La desgana con que ganan.

¿Quiénes? Los que labran sus bienes sin más tesón,
que el de la destreza con que manejan la guadaña.

Con la muerte en vida de otros, purgan sus almas.

Exprimen, pero a distancia.
Sin mancharse las canas,
que tiñen al aire,
cobrizo hojalata.
¿Qué harán mañana?

Cuando en sus tronos,
contemplen lo acumulado,
¿les calentará la cama?

Llantos, tortura, naufragios,
bramidos y rugidos acallados.
Encalados.

Cuántos han muerto para saciar su caprichoso desencanto.

Cuántos han visto su vida desde una única perspectiva, la del suelo,
que obtuvieron partiendo su espalda,
curtiéndose al sol,
con murmullos de esperanza,
y luego,
luego decepción.

Cuántos se han labrado con manos ajenas,
astilladas,
cortadas por la pena.

Cuántos subsistieron para que otros vivieran una vida,
que aún teniendo en la mesa ambrosía,
yo nunca llamaría plena.

sábado, 26 de abril de 2014

Amaranta.



Llegó a la vejez  con todas sus nostalgias vivas,
Y al morir con ella, se supo que eran un solo ser.

Que llevaba el dolor engastado por dentro,
y los colores en la piel.

Que guardaba los silencios enroscados en su pelo,
y brillaba verde cobrizo
de esperanza oxidada,
 con cada amanecer.

Que  despuntaba destellos grises cada noche, anudando sus secretos,
que ya no tienen ni edad, ni ganas de merecer.

Y cada risa que estrellaba contra el aire,
salpicaba los pedazos de las ganas de vivir.

Se reía del tiempo,
de sus desplantes;

de todo lo que otros creían que se necesitaba para ser feliz.


 A.C.J.