sábado, 26 de abril de 2014

Amaranta.



Llegó a la vejez  con todas sus nostalgias vivas,
Y al morir con ella, se supo que eran un solo ser.

Que llevaba el dolor engastado por dentro,
y los colores en la piel.

Que guardaba los silencios enroscados en su pelo,
y brillaba verde cobrizo
de esperanza oxidada,
 con cada amanecer.

Que  despuntaba destellos grises cada noche, anudando sus secretos,
que ya no tienen ni edad, ni ganas de merecer.

Y cada risa que estrellaba contra el aire,
salpicaba los pedazos de las ganas de vivir.

Se reía del tiempo,
de sus desplantes;

de todo lo que otros creían que se necesitaba para ser feliz.


 A.C.J.

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