miércoles, 9 de abril de 2014

Con cariño, Dorian.

Imagínate. Ponte a remover el tiempo. Piensa en dónde estaremos.
Piensa en qué fue de los recuerdos.

 A saber, cuándo empieza tu semana, cuánto azúcar entra en mi café,
y si le gana el pulso a cada mañana.

Me imagino ruido, grandes ciudades, ¿grandes personas? pequeñas dudas.
Son los mismos condicionales prófugos de siempre.

 ¿Y si hubiera sabido decelerar el curso de los años? ¿Y si hubiera sabido caminar sólo en línea recta? ¿Si nadie hubiera tropezado? ¿Qué hubiera pasado?

Nos hubiéramos hecho pedazos.

 Hubiéramos dejado por el camino tan sólo retazos.

Porque apenas sabemos mantener la coherencia, y no sabemos qué es el equilibrio.
No sabemos qué es la consciencia, y no entendemos de armisticio.

Siempre bombardeamos tejados ajenos, mientras nos quejamos de nuestras goteras.
Mientras nuestro techo, se va cayendo sobre nuestras cabezas.

Queremos dominar el mundo, y rehusamos de nuestra propia vereda.

Qué más da, sea de la puerta de atrás o delantera.

Siempre nos llenamos de razones las ojeras,
y no tenemos ni una sola en los bolsillos.

Nos revestimos de terciopelo, luces, cubierta de armadillo
y lo de dentro,
 como si hay que rellenarlo con ladrillos.

Lo de dentro,
¿lo de dentro?
nunca lo cuidamos,
lo acariciamos con martillo.

Ya cerrará,
ya regenerará,  sólo,
 espontáneo.

Ya se repondrá,
ya le daremos amor, alcohol,
somníferos,
 o cualquier otro sucedáneo.

Y cuando te quieras dar cuenta,
lucirás unos bonitos zapatos,
una camisa impecable,
e incluso un sombrero chapado.

Pero por dentro,
por dentro ya estarás aislado.

Raído,
devastado, descosido,
aniquilado.

Por dentro, estarás podrido,
corrupto, desvalijado.

Desposeído de cuanto pudieras haber sido en un pasado. 

Prueba a actuar como si pudieras encerrar tu alma en un retrato,
y que ésta, recoja todos y cada uno de tus desgarros.

Luego, aún con tu rostro angelical,
y tu piel ajena a todo desencanto,
aún con tu fachada impoluta,
y tu desconocimiento de daños,
 
sólo querrás amortajarlo,
sólo querrás apuñalarlo.

Pregúntate entonces en qué costurero encontrarás madeja para tus desperfectos,
en qué basaras tus pilares, qué dirás con tus silencios.

En qué volcarás tu aliento.

Tienes una vida.

Pregúntate si quieres hacer algo que valga la pena,
o que al irte, se lo lleve el viento.
                                                               
                                                                          
                                                                                                       Almudena Campuzano Jiménez

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