viernes, 25 de julio de 2014

Importancia a lo insignificante.

Corazón,
mi pequeño armatoste de piedra,
yo conocí siendo niña la alegría
en la tristeza.

Y no te creas,
volaba casi tanto como aquellos pegasos,
esos de madera.

Y las vistas,
¡qué bonitas eran!

Pero menos mal, me di cuenta,
también hay otras formas de belleza.

Resultó que pueden ser tan bonitas las dudas,
como las certezas.
Que el vértigo, a veces, salva vidas.
Y que no todo lo arregla una cerveza - pero casi-.

Resultó que sobre tierra firme,
también había cielo;
Que los barcos sin arrecife
arriban a mejor puerto.

Y todo eso,
todo lo que solíamos dar por hecho,
la importancia de ser feliz,
y la inconsistencia de lo venidero,
todo eso,
 resultó ser cierto.










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