martes, 23 de septiembre de 2014

3,2,1 ...

Para partir de cero se necesitan muchos finales. Pero puede que el adiós más importante sea el que tenemos que dar a nuestros viejos -y arraigados, asentados, y más que acomodados- complejos.  Expulsarlos con un sutil adiós mientras rasgamos las paredes de nuestra zona de confort. Aprender que incluso en nuestras mejores decisiones habrá un coste de oportunidad: habrá cosas que dejaremos de lado por otras. Y las perderemos. Y tendremos que acordarnos de dejar aparcados los "y si..." en la parte de atrás. Nunca han hecho demasiado bien.
Tendremos que acordarnos de quien nos quiere, y, por qué no, también de quien no. Pero ante todo tendremos que acordarnos de querernos a nosotros mismos. De llevar encima una sonrisa y muchas ganas de repuesto, por si los pinchazos.

Y de desterrar todo lo que algún día pudo sonar a inseguridades.

Buenas noches, y buen comienzo de un nuevo tramo, del mismo camino.

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