domingo, 19 de octubre de 2014

Yo te he oído reír.

Podríamos abogar por un romanticismo menos triste,
por un romanticismo que no empezara siempre en si menor,
por una cruzada contra los días grises,
y una sonrisa que no entienda de rencor.

Podríamos buscar en cada mirada,
un soplo de vida que hable sin voz,
podríamos ser la bocanada
de aire que hable de lucha interior.

Podríamos bailar y seríamos dos locos
al compás de una misma canción.

No importa si nadie más la oye,
si tú la escuchas,
ya somos dos.

Dicen que los tesoros se guardan bajo llave,
y yo el mío,
 bajo edredón.

Que para ser feliz no existe clave,
y yo te he oído reír,
y tienes más de dos.

Sé mi sol en invierno,
y las mañanas para escribir
una buhardilla con vistas al puerto
y un soneto que hable de ti.

Abre la puerta,
que te quiero decir
que eres la paz después de la guerra,
la canción de todo mes de Abril.

Que a mí me gustan las tormentas,
y no pido paraguas, ni me da miedo sentir
que hay algo más esperándonos fuera,
que la vida comienza
cuando la tristeza empieza a morir.

Ven a mojarte aunque no llueva,
a contar olas
y a escucharlas crujir.

A embotellar momentos que valgan la pena,
a ser fugaces,
a vivir.


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