Supongo
que estaba perdida
asida a una tabla,
en el mar esa noche.
Supongo que el oírte fue como oír a la vida.
Con tu luz,
tu voz,
que gritaba
"respira".
Me recogiste,
me dijeron que me vestiste.
Estaba fría.
Pálida como la nieve,
y no sufría.
Me apagaba como una vela
al consumirse.
Me marchaba
sin despedirme.
Siempre preferí viajar sin equipaje.
Te oía, a lo lejos,
me pedías quedarme.
Pero
por primera vez me sentía plena.
No había barreras,
ni límites, ni puertas.
La piel, ya no era mi frontera,
y se habían desvanecido los barrotes de mi celda.
Me sentía etérea,
vacía,
y llena.
Y te seguía oyendo,
más tenue,
<< por favor,
por favor, despierta >>.
Y te descomponías en toda una retahíla
de las cosas maravillosas
que iba a perderme.
Tu voz más débil,
y mi pulso, intermitente.
¿Qué le dirías a alguien
a quien tuvieras que alejar de la muerte?
A.C.J.
A.C.J.