Los suspiros, los llantos,
los gritos ahogados,
alaridos, muecas, risas y arañazos.
Desvelos de madrugada,
batallas a paso marcado,
caídas plausibles y esbozos arrugados.
Omisiones admisibles, sueños pausados.
Años febriles y relojes ajados.
La moneda, de canto.
Y siempre letras sin sentido,
y sentidos sin ser contados.
Siempre, vestimenta sin latidos,
pensamientos exiliados.
El silencio por valido,
bramidos, estallidos,
cosidos a balazos.
Camina, el descreído,
desguarnecido, pero sin flechazos.
Esperanza viste de esperanto,
dice que no quiere descosidos,
que no coexiste con desencantos.
Que hagamos de los ojos lenguaje universal,
y por toda norma gramática,
propongo la ley circunstancial.
Tienes tres gotas de tinta,
y seis mil palabras a matizar,
resume, cita, concisa:
que todo lo que hagas, sea de verdad.
A.C.J.
martes, 17 de diciembre de 2013
lunes, 2 de diciembre de 2013
Puede que llegara a ser tanto lo que eché de menos, que tuve que escribirlo. Puede ser que no pudiera más y que en mis días comenzara a no rozar el suelo sólo con los pies. Puede que ya no encontrara calor en la ausencia presencial, porque había sublimado a presencia transitoria. Que fue presencia, en su único punto de tangencia, y luego, continuó.
Puede, que tienda a infinito, solo por la izquierda. Y eso, en el tiempo, no deja de ser pasado, que avanza hacia el pasado, y se perpetúa en sí mismo. Egocéntrico.
Una vorágine de ángulos atrapados en círculos concéntricos, que no saben de funciones necesarias para la vida. Que sólo saben hablar en condicional.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)