Para partir de
cero se necesitan muchos finales. Pero puede que el adiós más importante sea el
que tenemos que dar a nuestros viejos -y arraigados, asentados, y más que
acomodados- complejos. Expulsarlos con
un sutil adiós mientras rasgamos las paredes de nuestra zona de confort.
Aprender que incluso en nuestras mejores decisiones habrá un coste de
oportunidad: habrá cosas que dejaremos de lado por otras. Y las perderemos. Y
tendremos que acordarnos de dejar aparcados los "y si..." en la parte
de atrás. Nunca han hecho demasiado bien.
Tendremos que
acordarnos de quien nos quiere, y, por qué no, también de quien no. Pero ante
todo tendremos que acordarnos de querernos a nosotros mismos. De llevar encima
una sonrisa y muchas ganas de repuesto, por si los pinchazos.
Y de desterrar
todo lo que algún día pudo sonar a inseguridades.
Buenas noches, y
buen comienzo de un nuevo tramo, del mismo camino.




