martes, 23 de septiembre de 2014

3,2,1 ...


Para partir de cero se necesitan muchos finales. Pero puede que el adiós más importante sea el que tenemos que dar a nuestros viejos -y arraigados, asentados, y más que acomodados- complejos.  Expulsarlos con un sutil adiós mientras rasgamos las paredes de nuestra zona de confort. Aprender que incluso en nuestras mejores decisiones habrá un coste de oportunidad: habrá cosas que dejaremos de lado por otras. Y las perderemos. Y tendremos que acordarnos de dejar aparcados los "y si..." en la parte de atrás. Nunca han hecho demasiado bien.

Tendremos que acordarnos de quien nos quiere, y, por qué no, también de quien no. Pero ante todo tendremos que acordarnos de querernos a nosotros mismos. De llevar encima una sonrisa y muchas ganas de repuesto, por si los pinchazos.

Y de desterrar todo lo que algún día pudo sonar a inseguridades.


Buenas noches, y buen comienzo de un nuevo tramo, del mismo camino.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Personas. (Ahí es nada)

Respiran orgullosos
con su superluna,
brillando desde el cielo.

Sin saber las que se pierden cada día,
y que caminan por el suelo.

Las ajenas al firmamento,
con las que comparten sueños,
aire, feliz miseria
y a veces miedos.

Las que tienen luz propia,
y no precisan grandes aspavientos.

Las personas que son algo más grande
que carne, y simples huesos.



                                                                                    A.C.J.





sábado, 6 de septiembre de 2014

Le pidió que le mostrara todos sus desgarros.

Le pidió que le mostrara todos sus desgarros,
y, envuelta en llamas como estaba, como vivía,
se soltó la melena,
que cayó,
rompiéndose en pedazos.

Y lo impregnó todo de sulfato
de paciencia infinita
y de historias a plazos.

En cada punta,
cabían mil retazos.

Caía sobre sus hombros,
lánguida como un suspiro,
y resbalaba por su espalda,
rompiéndole el vestido.

Enrevesada, como sus días más quiméricos,
y más introvertidos.

Descubrió unos ojos taciturnos, y ensombrecidos,
que guardaban un alma de nácar,
entre otros precipicios.

Y un halo anacrónico, y vetusto,
que miraba casi condescendiente al resto del mundo,
y un escalofrío.

Tenía tantos finales como principios.

Le dejó observar detenidamente todas sus miserias,
sin adornos, ni pudor, ni reservas.

Su pelo era del color de los recuerdos, y sus ojos, vendaval.
Era un caleidoscopio, y por dentro, de cristal.

Descubrió las llagas en sus manos, por haber naufragado, cortadas por la sal.
Y unos labios amoratados; firmado,
 caricias de la mar.

Tenía ojeras por exceso de sueños,
y en ellas mecía su desarraigo
para con la humanidad.

Pero iba descalza, incluso despeinada,
respiraba sin cuidado, y toda ella,
clamaba libertad.

Y comprendió que, a pesar de todo,
escondía el significado
de la palabra "felicidad".



.
                                                                                           

A.C.J. 












jueves, 4 de septiembre de 2014

Versos de tiza y motivos empapados.


Estúpidas las ciudades que se clavan.
Estúpidos recuerdos inmotivados.
Estúpidas las personas que regalan
versos de tiza tirados en asfalto.

Que se van con la lluvia,
para acabar en los tejados,
donde hablan de tristeza,
y motivos empapados.

Donde buscan su futuro,
arrastrando su pasado.

Y eso que sólo es polvo,
polvo mojado.

Estúpidos estudios
el uno del otro,
siempre inacabados.

Estúpidos sentimientos, 
sempiternos e innecesarios.

Estúpidos los pasos
que sólo llegan a complementarios,
que pudiendo ser más,
se quedan en noventa grados.

Estar de pie, pudiendo estar tumbados.

Estúpidos nosotros,
que los respaldamos,
sin decir algo más que nada,
ni nada más que algo.

Estúpidos, 
no por lo que hacemos,
sino por lo que guardamos.

No tanto por perdernos,
como por no encontrarnos.                


                                               A.C.J.


Pechón, Asturias 


lunes, 1 de septiembre de 2014

Aún sólo es verano.

Pongamos que hablo de la ciudad
que se rindió una y otra vez a los pies de Loquillo.
Pongamos que se rinde hoy a los tuyos
y, con suerte, a los míos.

Pero nunca a los nuestros.

Pongamos que me pones
un café muy solo
a eso de las cualquiera en punto.

Que me despierto contigo,
y no hemos dormido juntos.

Que no sabrías mi nombre aunque fuera unir
una línea de puntos,
tirados en el suelo,
en forma de cartuchos.

Sólo una más,
por favor,
la última y nos vamos.

Digamos,
que hoy sonamos a rugido,
que lo contrario al amor es el amor correspondido.

Quédate dormido,
que aún sólo es verano,
que aquí no llega el frío,
querido chico del piano.

Que si no sabes quién soy,
yo prometo también olvidarte,
pero ahora no te vayas,
todavía no te marches.

Quédate dormido,
que aún sólo es verano,
que aquí no llega el frío,
que yo te despierto temprano.

Quédate conmigo,
que aún sólo es verano.


                                                                        A.C.J.


Barcelona, 2014