Mirar tan fijamente
a los ojos
como para sentir ganas
de perderlo todo.
Dejar que te perfore
la desnudez de una mirada
desprovista de
equipaje;
de apegos materiales,
de plomo, de lastre.
Soltarlo
todo.
Vaciarse.
Para no tener nada a lo que aferrarse
cuando sin palabras
escuches «ven».
Para no tener miedo de soltarte
cuando sólo quieras caer.
Para no sentirte retenido
por unas esposas de hilo
que tú mismo anudaste,
y tener que callarte
cuando el propio silencio
te pregunte «¿Por qué?»
Para no tener nada que proteger.
Para abrirle la puerta,
cuando llame,
cuando llame,
a la vida.
Y avanzar con una gran sonrisa
hacia lo espontáneo,
y la combustión incontrolable
del ser.
A.C.J.
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Büyük Çamlıca Tepesi; Istanbul, August 2016
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