El mar besa la orilla,
despacio.
Y se deshace
poco a poco.
Como las ideas ligeras
en tu mente;
que se desnudan
hasta quedar en silencio,
y te muerde
una oscuridad cruda,
lejana,
y tenue:
Nada importa demasiado.
Ni tú,
ni tus monstruos,
ni tus musas
sois para tanto.
Ni tú,
ni tus preocupaciones
con claxon y
sonido de atasco.
Ni tú,
ni tus planes de futuro,
siempre a corto-medio-
(inabarcable) plazo.
No sois para tanto.
Ni tú,
ni el balbuceo de razones
con las que te pospones,
que solo es auto-engaño.
Ni tú,
ni tu inducido,
dulce, superfluo
letargo.
Duerme,
ahora
duerme.
Mientras tanto,
el mar besa la orilla
despacio.
Cuando te marches,
borrará las huellas
que has dejado.