Llantos, tortura, estallan.
Se clavan, disparan, las garras.
nos apresan y retratan,
nuestro terco porvenir y la desgana.
La desgana con que ganan.
¿Quiénes? Los que labran sus bienes sin
más tesón,
que el de la destreza con que manejan la
guadaña.
Con la muerte en vida de otros, purgan
sus almas.
Exprimen, pero a distancia.
Sin mancharse las canas,
que tiñen al aire,
cobrizo hojalata.
¿Qué harán mañana?
Cuando en sus tronos,
contemplen lo acumulado,
¿les calentará la cama?
Llantos, tortura, naufragios,
bramidos y rugidos acallados.
Encalados.
Cuántos han muerto para saciar su
caprichoso desencanto.
Cuántos han visto su vida desde una única
perspectiva, la del suelo,
que obtuvieron partiendo su espalda,
curtiéndose al sol,
con murmullos de esperanza,
y luego,
luego decepción.
Cuántos se han labrado con manos ajenas,
astilladas,
cortadas por la pena.
Cuántos subsistieron para que otros
vivieran una vida,
que aún teniendo en la mesa ambrosía,
yo nunca llamaría plena.
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