La recuerdo como la imaginé, y no como la escuché.
Simplemente
porque en mi mente sonaba clara y distinta,
diferente.
Como sonaban tus palabras pendiendo
con pinzas de las cuerdas de tu voz.
Como suenan las letras en un papel
que solo habla a su lector;
un paisaje lejano en una fotografía;
O una canción de autor.
Sonabas a borbotones
de agua fría,
rompiendo el aire,
y su supuesta armonía.
Era melodía.
Sonaba preciosa,
leve, tenue y fuerte,
casi poderosa.
Y envolvente.
Como una noche suave y tibia,
perfectamente odiosa.
Sonabas a mar.
Y nunca creí en amar
y menos si es tan profundo como para ahogar a las personas.
Como para anegar.
Pero en ti sí,
porque, como las mejores mentiras,
sonabas a verdad.
A.C.J.
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