A veces te recuerdo
poco a poco.
Yo no quiero,
pero llamas a la puerta
y no, nunca cierro.
Y sí,
siempre lo sabes:
está abierto.
Por eso
entras a hurtadillas
a liberarme
de tu destierro.
A romper
la sugerencia
de alejamiento.
Y a hacer añicos
todos esos cuentos
que sólo decían
"no ha vuelto,
ha muerto".
Tuve que quemar
todos los recuerdos.
todos los recuerdos.
Vienes descalzo,
y llegas a mi cuarto.
Me miras en silencio,
y te vas
porque tú también eres un recuerdo
y estás ardiendo.

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