Duele, como aquella sonrisa que mantuvo.
Como aquella llamada, que nunca hizo.
Como aquella noche, de las muchas, que no vino.
Golpea, como el mazo en un juzgado;
como la contraventana vestida de tormenta,
como cada palabra que no dice,
pero piensa.
Desvela.
Ruge como las cartas que duermen a su vera.
Y se deshace en condolencias que no sirven,
ni vivas,
ni muertas.
A.C.J.
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