Sentimientos contradictorios,
te quiero tanto, me quiero un poco.
Soy feliz cuando me abrazas, y soy feliz cuando vuelo. Río cuando sonríes,
pero sonrío al ver un mundo que aún es nuevo.
Me siento triste si tú lo estás,
pero moriría poco a poco en cautividad.
He sentido el deseo que acompañarte de la mano, pero también es cierto, que creo que no me gusta ir por los caminos más urbanos.
Y es que tengo diecisiete años. A penas dieciocho.
Que tengo ganas de vivir, de salir, y pelearme con el mundo. Y qué importan unos arañazos.
Que son años de hacer tonterías, no de vivir tranquilito en una silla. Ya habrá tiempo para mecedoras.
Que quiero correr y no parar. Y dar lugar a los bajones propios, prometo no pasarme con las tarrinas de helado. Y a las repentinas alegrías. Olvidar lo planeado. Y bañarme en el mar a media noche.
Manténgase lejos la monotonía.
Inspirar en palabras y sangrar hechos.
Ni más, ni menos. Ni peino canas ni me chupo el dedo (aunque pueda hacer que lo parezca).
Que solo, aspiro a contar arrugas a cientos y poder decir que he vivido a ras de cielo.
Tener mis propias historias, también de miedo, y que no sea porque no quede otra, cuando eche mano de cuentos.
A.C.J.
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